martes, 23 de noviembre de 2010

Un feliz Adiós






Muertes sangrientas, familias destrozadas y almas en pena fueron el logro que logro el mayor reconocimiento. Emilio Eduardo Massera, originario de Buenos Aires, almirante de manos de Juan Domingo Perón en 1974, con 49 años de edad, y elegante asesino murió víctima de un aneurisma, en el hospital de Buenos Aires Aunque muchos rogaban por su muerte, el aneurisma fue el único que se atrevió a asesinarlo. En el 2002 un aneurisma lo dejó demente y al cuidado de una enfermera a la que le confesaba querer morir.

Massera acababa de cumplir 51 años cuando, junto con el general Jorge Rafael Videla, y el jefe de la Fuerza Aérea, Orlando Ramón Agosti, formó el primer triunvirato militar que dio el golpe de Estado y derribó el ya tambaleante Gobierno de Isabel Perón. Los tres oficiales decidieron repartirse el poder por tercios, una para cada arma, y se lanzaron a una represión feroz, primero contra los "subversivos", integrantes de los Montoneros y otros grupos armados de izquierda; "después contra los cómplices; luego, contra sus simpatizantes; y, por último, contra los indiferentes y a los tibios", según explicó otro almirante de su misma ralea, Alfredo Oscar Saint-Jean.


El argentino fue integrante de las Juntas militares que gobernaron su país entre 1976 y 1983 y gobernó de facto la Argentina durante el autodenominado Proceso de Reorganización Nacional. Su anhelo era convertirse en presidente de la nación; sin embargo, en lugar de eso, fue acusado de haber asesinado al marido de una de sus amantes arrojándolo desde su yate y luego, fue acusado, junto a los demás dictadores que ocasionaron el golpe de estado en 1976, en la causa judicial “Nunca más”, dispuesta en el gobierno de Raúl Alfonsín. Éstas acusaciones lo condenaron a cadena perpetua, por el cálculo de aproximadamente 30,000 argentinos desaparecidos. Sin embargo, en el gobierno de Carlos Menem se le dio indulto a Massera y fue dado en libertad en 1990, poco después de haber ingresado a la cárcel.  Luego, en 1998, se la acuso por un delito distinto: robo y secuestro de niños. Lo acusaban de secuestrar a los hijos de mujeres desaparecidas de las instalaciones militares.

Tras las nuevas acusaciones, la Corte Suprema declaró "inconstitucionales" los indultos de Menem y las leyes de Obediencia Debida y reabrió reabrir todos los casos de asesinatos ocurridos durante la dictadura. Aunque probablemente, el militar argentino habría sido sentenciado a cadena perpetua, su demencia e incapacidad hicieron que no fuera llevado para cumplir con una condena de cárcel efectiva. También fue acusado de conspiración en contra de los otros militares para poder reclamar mayor parte del botín y de la gloria. En adición, se le catalogó como un gran mujeriego, aunque esa no fuera razón para que su imagen de católico perfecto y sus relaciones con la jerarquía católica se arruinaran. El disfrutaba de la exhibición del poder del que gozaba.


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